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Entre
Rios
El
Girasol
Pirayú
era cacique de una tribu que vivía a orillas del río Paraná. Mandió era
cacique de una tribu vecina. Pirayú y Mandió eran buenos amigos. De ahí
que sus pueblos intercambiaban en paz artesanías y alimentos.
Cierta
vez, Mandió tuvo la gran idea de unir a las dos tribus, y por eso pidió en
matrimonio a la hija de Pirayú. - Para estar siempre unidos quiero casarme
con tu hija - dijo a su amigo. Imposible - respondió preocupado Pirayú. Y
contó en seguida a Mandió que su hija no se casaría con ningún hombre
porque había ofrecido su vida al dios Sol.
Ante
la incredulidad de Mandió, Pirayú explicó que -Carandaí, mi hija, desde
muy pequeña pasa las horas contemplando al sol. Sólo vive para él. Por
eso los días nublados la ponen tan triste -; Mandió se alejó disgustado y
prometiendo venganza.
Los
días pasaron hasta que cierta vez andaba Carandaí con su canoa
contemplando la caída del sol en medio del río cuando, de pronto, vio
resplandores de fuego sobre su aldea. Remó rápidamente hacia la orilla,
pero, cuando intentó desembarcar, unas barras gruesas de madera trabaron
sus movimientos.
-
¡Ajá!, tendrás que pedirle a tu dios que te libere de mi venganza - dijó
Mandió.
-
¡Oh! Cuarahjí, ¡Mi querido sol! - susurró Carandaí. - No permitas que
Mandió acabe conmigo y mi pueblo. No lo permitas mi dios...
Y
no había terminado de hablar cuando Cuarajhí, el sol, envió a la joven un
remolino de rayos potentes que la envolvieron y la hicieron desaparecer de
la vista de Mandió.
Allí
donde había estado Carandaí, brotó una planta esbelta y hermosa con una
flor dorada que, al igual que la princesa, siguió siempre, con su cara al
cielo, los rumbos del sol.
Leyendas de Bs.As
El gigante de Once que salva
vidas
Según
cuenta una historia de larga data, por las calles de Once vaga un personaje
de casi tres metros de altura que cuida a los habitantes del barrio. Este
gigante "bonachón" ha salvado a víctimas de choques y ha
espantado a más de un malhechor, o al menos esto es lo que narran los
vecinos de Balvanera que confían en su presencia protectora.
Algunos afirman que este ser es el mismísimo Golem, un hombre artificial
creado en el siglo XVI por un rabino de Praga, llamado Judah Loew ben
Bezabel. Si bien la historia oficial habla de un solo Golem, otros afirman
que Bezabel creó trece de estos humanoides de arcilla y que uno de ellos
llegó a Buenos Aires, de la mano de un rabino, con los inmigrantes judíos.
De allí en más, la historia se bifurca en varias versiones: algunos
cuentan que antes de morir el rabino encerró al gigante en una habitación
a la que nadie puede entrar, que estaría en el anexo de un hospital, en
Caballito. Otros creen que vive en un callejón oculto , que podría ser el
pasaje Colombo o el Victoria. De una u otra forma, hay vecinos que aseguran
que el gigante le salvó la vida a más de uno.
Dulce venganza arquitectónica
Esta
es la historia de dos familias enfrentadas que dejó sus huellas en Retiro.
Los Anchorena, que vivían en el actual Palacio San Martín con 150
sirvientes. Y los Kavanagh, adinerados, aunque no patricios. Hacia 1920 los
Anchorena construyen la iglesia del Santísimo Sacramento como futuro
sepulcro familiar. Cuenta la leyenda que uno de los Anchorena se enamoró
perdidamente de una Kavanagh, aunque el romance no fue aprobado por su
familia. Corina Kavanagh decidió una venganza arquitectónica : en Florida
y San Martín, ordenó la construcción de un edificio cuyo único requisito
era que impidiera la vista desde el palacio Anchorena a la iglesia, objetivo
que aún cumple el edificio Kavanagh. "Incluso, si alguien quiere mirar
de frente la actual basílica del Santísimo Sacramento, debe pararse en el
pasaje "Corina Kavanagh", relata Eduardo Lazzari, presidente de la
Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre.
Ajos contra el enano vampiro
Se
trata de uno de los relatos más fascinantes del libro “Buenos Aires es
leyenda”. Tiene como protagonista a Belek, un enano que llegó a Buenos
Aires con el Circo de los Zares a fines de los 70. Belek, que provenía de
la zona de los Cárpatos –como el conde Drácula–, fue expulsado luego
de que el dueño del circo, Boris Loff, el Hombre Bala y la Mujer Barbuda lo
encontraran prendido al cuello de Vera, una mono tití.Pero el mito de
Belek, el enano vampiro, apenas comienza allí.
El verdadero horror se desató cuando se refugió en una casa
semiabandondada del Bajo Flores y los gatos del barrio comenzaron a
desaparecer misteriosamente.
La leyenda cuenta que la gente protegió sus casas con ristras de ajo y
todos llevaban crucifijos por miedo a sus ataques. Una noche de invierno,
los hombres del barrio cazaron al enano vampiro con la red de un arco de fútbol,
cerca de la estación Flores, pero se les escapó. Aseguran que aún vive en
el cementerio de Flores y sigue haciendo de las suyas.
El castillo de los amantes trágicos
En
Campana al 3200, cerca de las vías, se alza el enigmático “Castillo de
los Bichos”, llamado así por las molduras con formas de animales. A
principios del siglo XX perteneció a la familia italiana Giordano. Lucía,
la única hija, conoció a un violinista, Angel Lemos y el romance no tardó
en surgir. Se casaron el 1° de abril de 1911 y cientos de invitados
disfrutaron del banquete.
Hacia la madrugada, la pareja advirtió que el auto que los debía trasladar
no estaba en la puerta, sino unos pasos más allá de la casona, cruzando
las vías: un detalle que se convirtió en tragedia, ya que un tren los
arrolló. Isabelino Espinosa, de la Junta de Estudios Históricos de Villa
del Parque, cuenta que los ocasionales ocupantes de la casona salían
despavoridos, asustados por los gritos desgarradores de una joven mujer y un
violinista.
Se buscan los ojos de un hombre
Por
los vagones de la línea Mitre deambulaba un hombre sin párpados.
Según dicen, siempre subía o bajaba del tren en la Estación Coghlan y
murió en circunstancias de lo más raras. Para algunos, contrajo una
terrible infección en los ojos. Para otros fue víctima de un accidente o,
peor aún, se suicidó arrojándose a las vías. Barrantes y Coviello
cuentan que, cuando investigaron este mito, les llamó la atención
encontrar que de las ocho personas que estaban en el andén, seis de ellas
miraban los rieles, como si estuvieran buscando los ojos del hombre sin párpados,
a los que algunos les atribuyen poderes.
Felicitas, la iglesia y su
fantasma
Joven
y bella, Felicitas se casó en 1862 con Martín de Alzaga, un hombre mayor y
acaudalado. Al año siguiente, y después de perder a su único hijo,
Felicitas quedó viuda. Tenía apenas 26 años, una de las fortunas más
grandes de la Ciudad y muchos pretendientes. Uno de ellos, Enrique Ocampo,
supo que un rival, el estanciero Samuel Sáenz Valiente, era el verdadero
amor de la dama. Enfermo de celos, Ocampo le disparó a Felicitas un tiro
por la espalda y al instante se suicidó. Los Guerrero mandaron construir en
homenaje a su hija una capilla. Está en Isabel La Católica, entre Pinzón
y Brandsen.
Los vecinos dicen que cada 30 de enero, fecha de su muerte, aparece el
fantasma de Felicitas, que vaga ensangrentado.
Cuando el Borda se llenaba de
luz
Solaris,
el ser de otro planeta que llegó al Hospital José T. Borda e iluminó a
los internos con sus fiestas energéticas” también alimenta los mitos
porteños. Durante su estadía en el neuropsiquiátrico, Solaris –a quien
describen como alguien delgado, de ojos grandes, muy blanco y completamente
lampiño– se reunía con alrededor de 50 internos para recitar un mantra.
Durante el rito, los testigos afirman que parecía iluminarse.
Si bien los médicos tienen argumentos para explicar este caso, hay hechos
oscuros.
Aparentemente, Solaris –quién desapareció un 25 de diciembre– dejó
escritos indescifrables que, a pesar de ello, tienen coherencia interna.
Además, cuentan que el grupo sanguíneo de este hombre que decía ser un
alien no encaja con ningún patrón conocido.
En la Costanera vive el Reservito
Así
como el Lago Ness de Escocia tiene su propio monstruo y el Nahuel Huapi
esconde al suyo, algunos aseguran que en la Reserva Ecológica Costanera Sur
también habita un animal misterioso, mitad rata, mitad perro, apodado
“Reservito”.
Una de las hipótesis que se barajan afirma que los reiterados incendios que
azotan a la Reserva son producidos intencionalmente con el objetivo de
liquidar a Reservito, que en más de una ocasión atacó a algún
desprevenido.
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