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 EL MUNDO

PA’ QUE ARDAN

LOS FUEGUITOS...

 

PA’ QUE ARDA

LA VIDA...

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir el cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso –revelo-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes fuegos chicos y fuegos de colores.

Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire a chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman.

Pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

 

Eduardo Galeano.-

 
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El Principito

Lo "Verdaderamente importante"

Al quinto día y también en relación con el cordero, me fue revelado este otro secreto de la vida del Principito. Me preguntó bruscamente y sin preámbulo, como resultado de un problema largamente meditado en silencio:
-Si un cordero se come los arbustos, se comerá también las flores ¿no?
-Un cordero se come todo lo que encuentra.
-¿Y también las flores que tienen espinas?
-Sí; también las flores que tienen espinas.
-Entonces, ¿para qué le sirven las espinas?
Confieso que no lo sabía. Estaba yo muy ocupado tratando de destornillar un perno demasiado apretado del motor; la avería comenzaba a parecerme cosa grave y la circunstancia de que se estuviera agotando mi provisión de agua, me hacía temer lo peor.
-¿Para qué sirven las espinas?
El principito no permitía nunca que se dejara sin respuesta una pregunta formulada por él. Irritado por la resistencia que me oponía el perno, le respondí lo primero que se me ocurrió:

-Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores.
-¡ Oh !
Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor:
-¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas…
No le respondí nada; en aquel momento me estaba diciendo a mí mismo: "Si este perno me resiste un poco más, lo haré saltar de un martillazo". El principito me interrumpió de nuevo mis pensamientos:
-¿Tú crees que las flores…?
-¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier cosa para que te calles. Tengo que ocuparme de cosas serias.
Me miró estupefacto.
-¡De cosas serias!
Me miraba con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le parecía muy feo.
-¡Hablas como las personas mayores!
Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió:
-¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…!
Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados.
-Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!
-¿Un qué?
-Un hongo.
El principito estaba pálido de cólera.
-Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?
El principito enrojeció y después continuó:
-Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante!
No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos.
La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: "la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…". No sabía qué decirle, cómo consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!
.

  
La responsabilidad del "CREAR LAZOS" 

                                                                                       

Entonces apareció el zorro.
-Buenos días  -dijo el zorro.
-Buenos días -respondió cortésmente el Principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
- Estoy acá -dijo la voz -bajo el manzano...
-¿Quien eres? - dijo el Principito -. eres muy lindo...
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el Principito-.¡Estoy tan triste!..
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-. No estoy domesticado.
-¡ah! Perdón -dijo el Principito.
Pero, después de reflexionar, agregó_
-¿Que significa "domesticar"?
-No eres de aquí -dijo el zorro-. ¿Que buscas?
-Busco a los hombres -dijo el Principito- ¿Que significa "domesticar"?
-Los hombres -dijo el zorro- tiene fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
-no -dijo el Principito - Busco amigos ¿que significa "domesticar"?
-Es una cosa demasiado olvidada -dijo el zorro- Significa "crear lazos".
-¿crear lazos?
-Sí -dijo el zorro- Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Será par amí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...

-Empiezo a comprender -dijo el Principito-. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...

-Es posible -dijo el zorro-. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas...!

-¡ Oh ! No es en la Tierra -dijo el Principito

El zorro pareció muy intrigado:

-¿En otro planeta?
-si.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Es interesante eso! ¿y gallinas?
-No
-No hay nada perfecto -suspiró el zorro.
Pero el zorro volvió a su idea:
- Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las galinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. y además, ¡ míra ! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo...
El zorro callo y miró largo tiempo al Principito:
- ¡Por favor... domestícame! -dijo.
-Bien lo quisiera - respondió el Principito-
pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Solo se conocen las cosas que se domestican-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si queires un amigo, ¡domestícame!
-¿Que hay que hacer? -dijo el Principito.
-Hay que ser muy paciente -respondió el zorro- .Te sentarás el principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. pero, cada día podrás sentarte un poco más  cerca...
Al día siguiente volvió el Principito.
-hubiese sido mejor venir a la misma hora  - dijo el zorro- .Si vienes, por ejemplo a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuando más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... los ritos son necesarios.
-¿Que es un rito? . dijo el Principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro- Es lo que hace que un día sea diferente de otros días : una hora, de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el Principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:
-¡ah!... -dijo el zorro- Voy a llorar.
-Tuya es la culpa -dijo el Principito. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara.
-Sí -dijo el zorro.
-¡Pero vas a llorar! -dijo el Principito.
-Si -dijo el zorro.
-Entonces, no ganas nada.
-Gano -dijo el zorro -, por el color del trigo.
Luego, agregó:
-Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
El Principito se fue a ver nuevamente a las rosas:
-No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún -les dijo-. nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Peor yo le hice mi amigo y ahora el único en el mundo.
y las rosas se sintieron bien molestas.
-Sois bellas, pero estáis vacías -les dijo todavía-. No se puede morir por vosotras. sin vida que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es mas importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. puesto que es ella la rosa quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que ese hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quién escuche quejarse, o alabarse, aun , algunas veces, callarse. puesto que ella es mi rosa.
y volvió hacia el zorro:
-Adiós -dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto.
Es muy simple. no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos. -repitió el Principito, a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa.... -dijo el Principito, a fin de acordarse.
-Los hombre han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.
Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa... --repitió el Principito, a  fin de acordarse.

 

 
 
 

POEMAS

Contaminación

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